domingo, 27 de mayo de 2018

Esfuerzo y recompensa

Estaba desanimada. Llevaba meses trabajando en búsqueda de aquello que tanto ansiaba, y seguía sin recoger fruto alguno. Incluso vestida de aquella manera tan impecable y con el maquillaje resaltando los mejores rasgos de su rostro no sentía optimismo alguno. Tomó su carpeta y la apretó contra el pecho. Iría porque debía hacerlo, no porque lo deseara. 

Los mensajes que llegaban a su móvil eran de buenos deseos, de apoyo incondicional. No pudo evitar esbozar una sonrisa. Mientras releía los documentos que había llevado consigo y que se aprendería de memoria si continuaba así, notaba el corazón acelerarse en su pecho. Los nervios habituales de aquel tipo de citas se le colaban en el estómago. Maldijo y se obligó a tranquilizarse, no iba a sacar nada de todo aquello. Probablemente volviera a hacer un viaje en metro para ser rechazada. 

Suspiró ruidosamente y acompasó el aire que entraba por su nariz y salía por su boca al ritmo del tintineo de su pecho. Calma. Calma. Calma. Cuando finalmente llegó a su destino tenía otro semblante; pálido pero neutro. Una cosa era sentir que no iba a conseguirlo y otra muy distinta demostrarlo. Encaró el encuentro con una tranquilidad inusitada, como si aquella nada tuviera que ver con ella y cuando salió de allí sintió una paz interior que hacía mucho que no experimentaba. 

Intentó olvidar aquella reunión, al menos de momento, pero su pesimismo parecía resquebrajarse. Había visto algo en aquel sitio, algo en aquellas personas que era distinto. Trató de no pensar en ello por todos los medios, pero mientras seguía con su rutina el asunto volvía una y otra vez y cuando finalmente le dieron la buena noticia, ella supo de antemano que lo había conseguido. 

Porque se había esforzado tanto durante meses que su recompensa, al fin, había llegado. 

1 comentario:

  1. Ay, esta lectura me ha hecho sentir triste y esperanzada al mismo tiempo.
    Supongo que no es necesario explicar el por qué, ya que en general el panorama laboral es… bueno, una mierda, hablando en plata.
    ¡Un beso! Y gracias por el texto.

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