La chica terminaba de maquillarse frente al espejo. Había conseguido que su flequillo anaranjado le quedase justo como le gustaba y tras un último toque, sus labios habían adquirido el aspecto de fresas recién recogidas. Se sentía bien consigo misma, preciosa y contenta. El mejor complemento siempre era una sonrisa y ella la llevaba tatuada en el pálido rostro. Se colgó en bandolera el enorme bolso que había preparado con antelación y bajó las escaleras de dos en dos, entonando una de sus canciones favoritas.
En la calle, el sol la recibió con una caricia que ella aceptó de buen grado. Le gustaba caminar sin mas compañía que sus propios pies. Paseó durante un rato, deteniéndose de vez en cuando a mirar algún escaparate o a acariciar a cualquier perro que se acercase a ella. Se metió las manos en los bolsillos del abrigo que había elegido esa mañana invernal y acabó por desembocar en el parque al que tenía intención de acudir.