Ya sabéis que me gusta reflexionar sobre diversos temas y que este es mi altavoz favorito para hacerlo. En general, intento no ser polémica y hablo de cosas que me tocan de cerca. El asunto que hoy saco a la palestra encaja a la perfección en la tónica habitual del blog, pues quiero hablaros sobre la capacidad de la gente para juzgar y opinar de la vida de los demás.
En esta sociedad en la que nos ha tocado vivir nos tomamos la licencia de aconsejar a personas ajenas sobre cómo deben comportarse o manejar su vida. Damos consejos a quien no nos los ha pedido y hacemos preguntas y comentarios innecesarios sin pararnos un segundo a pensar si la persona que tenemos frente a nosotros necesita algo de eso.
