Los últimos rayos de sol se reflejan en el mar. El viento, dulce pero lo bastante fresco para resultar agradable, despeina mi cabello. La trenza que me recogí hace unas horas no es más que un recuerdo de la acalorada jornada. Una sonrisa traviesa aflora a mis labios y permito que se abra paso hasta convertirse en una sonora carcajada que hace que los escasos bañistas que aún quedan se den la vuelta para verme feliz.
